Archive for Junio, 2008

Respetar el ritmo de sueño

Sábado, Junio 21st, 2008
Artículo recopilado por: Sonia Mele

Fuente: la web de dormirsinllorar, publicado por una mami. 

A todos aquellos interesados en el embarazo, parto, puerperio, lactancia materna y crianza. Hago mia la frase de “abrázame y quiéreme cuando no me lo merezca, pues será cuando más lo necesite”

miércoles 18 de junio de 2008

Se está haciendo mayor.

Todo llega… Esto lo dice mucho Carlos González, quizá con otras palabras pero con el mismo sentido. Y lleva razón. He sido una madre “colechadora” desde la misma noche que nació mi hija hace dos años y dos meses, y hace dos días ella sola, sin llantos, sin traumas, sin ansiedad, sin miedos, decidió irse a dormir sola. Se bajo de nuestra cama “sidecar”, se quedo de pie… ¡¡no había forma de subirla!!. Se volvía a bajar. Así que de repente se me encendió la bombilla y dije: “esta quiere dormir sola…”.

Fuimos a su habitación, sacamos la cama, se subió en ella, nos dimos media vuelta y nos fuimos.

La oímos dar vueltas en la cama como una peonza, mientras los dos estábamos tumbados mirando al techo intentando asimilar lo que estaba ocurriendo, no pudiéndonoslo creer.

Hemos sido unos padres, como muchos, que nos hemos levantado en una noche 10 y 12 veces para calmar y consolar a nuestra hija, dándole teta, brazos y mimos. Y muchas de ellas, por que no confesarlo, desesperados (más yo que su padre) porque nos veíamos el futuro muy negro. La niña toda la noche colgada de la teta, de los brazos, parecía que no iba a dormirse nunca sola. Todo el mundo nos decía: ” no os la vais a poder sacar de encima, que vicio… es tiempo de que duerma sola”.

Y de repente, una noche, es ella quién toma la decisión. Como un proceso más que sigue su curso, como algo que evoluciona… Se está haciendo mayor. Un proceso que yo tengo que interiorizar y respetar pues me encantaba dormir con ella, sentir su olor, oír su respiración, sentir su calor. Creo que no hay nada más dulce en este mundo que el dormir de un niño.

Y esto, que es el proceso de mi hija, no supone que en todos los niños sea igual. Cada niño seguirá su propia evolución, pero viene a demostrar lo necesario, lo primordial que es respetar sus tiempos y sus evoluciones. Que el “dormir” es un proceso que no necesita NUNCA un adiestramiento.

Solo es cuestión de esperar, de tener paciencia, de saber y conocer como es nuestro hijo y lo que necesita.Que esto esta en contra de los tiempos de prisas, de agobios, de esta sociedad: sí. Pero nosotros somos los adultos y somos los responsables de cambiar esos tiempos. Pues el problema no son los niños, que desde siempre son eso: niños. Sino que el problema es la sociedad que estamos construyendo que nos hace aplicar métodos de adiestramiento porque necesitamos dormir para rendir en el trabajo.

Dejar llorar nunca es la solución, podemos y tenemos el deber social de cambiar nuestra forma de vivir nuestros partos, nuestra crianza intuitiva y con ello cambiaremos el mundo.

Dedicado a Ramón que creyó muchas más veces que yo en la fugacidad de las estrellas. :)))

El nacimiento de nuestro “ser madre”

Sábado, Junio 14th, 2008

Articulo recopilado por: Adelina Alcántara

Fuente: Laura Gutman (www.lauragutman.com.ar/)

Hemos pasado la infancia practicando con nuestras muñecas a mecer a los bebés, calmarlos, vestirlos, desvestirlos, retarlos y dormirlos. Sin embargo, cuando el bebé real irrumpe en nuestra vida adulta, nos sorprendemos al constatar que hay pocos puntos en común entre el bebé soñado y ese monstruito que llora en los momentos menos oportunos. Y que no es verdad que los bebés sólo comen y duermen, sino que hemos quedado prisioneras de un ser voraz, necesitado al extremo, malhumorado y demandante. 

Posiblemente la sorpresa tenga que ver con el desconocimiento con el que las mujeres llegamos a la maternidad respecto al fenómeno de la “fusión emocional”.  Para abordarlo, es menester darnos cuenta que la realidad no sólo está constituida por elementos visibles, concretos y palpables. Sino que también existen los mundos sutiles, los campos emocionales, perceptivos, intuitivos o espirituales. Aunque invisibles, suelen manejar los hilos de nuestra vida consciente.

 En el caso de la díada mamá-bebé, es conveniente enterarse que ambos pertenecemos al mismo territorio emocional -como dos gotas dentro del océano- y que esta unión sin límites precisos perdurará en el tiempo, aunque nuestros cuerpos hayan sido separados a partir del parto y nacimiento de la cría. “Fusión emocional” entre mamá y bebé, significa que sentimos lo mismo, percibimos lo mismo, independientemente de “dónde se origine” la sensación, ni si el sentimiento pertenece al presente, pasado o futuro, ya que en el mundo emocional no importan ese tipo de  fronteras. De hecho, las mamás “sentimos como un bebé” cuando no toleramos un sonido demasiado fuerte, cuando nos angustiamos si hay demasiada gente alrededor o cuando nuestros pechos se llenan segundos antes de que el bebé se despierte. Del mismo modo, el bebé “siente como su mamá” cuando expresa a través del llanto o de diversas enfermedades, un sinnúmero de situaciones emocionales tales como: angustia por sentirnos exigidas por el varón, dificultades económicas, obligaciones que no podemos cumplir,  la ausencia o lejanía de la propia madre, o pérdidas afectivas, por ejemplo. Pero lo más impactante es darnos cuenta que dentro de la “fusión emocional” el niño vive como propias las experiencias de nuestra propia infancia que se actualizan y plasman en su cuerpo. Sobre todo aquellas vivencias que ya “no recordamos”, que han pasado “a la sombra”.

Pues bien, la verdadera dificultad del devenir madre, no tiene que ver con ocuparse correctamente del bebé, sino con el dolor que supone confrontar ahora con las penas que no hemos podido asumir cuando éramos niñas. Devenir adultas de verdad, es darnos cuenta que hoy en día contamos con mayores recursos emocionales para hacernos cargo de nuestra historia y de las elecciones que hemos llevado a cabo. 

Concretamente, las madres podemos hacer la prueba -cuando no logramos calmar al bebé  ofreciéndole el pecho, ni meciéndolo, ni hablándole ni sacándolo a pasear-  recordando alguna situación dolorosa o no resuelta de nuestra infancia, relativa al vínculo con nuestros padres. Si hemos podido traer a la conciencia alguna vivencia significativa, entonces intentemos relatarle al niño con palabras sencillas aquel dolor, aquel sufrimiento o rabia o vergüenza que aún vibra en nuestro interior. O bien, expliquémosle al niño la dificultad o el desacuerdo que tenemos actualmente con nuestra pareja, o la preocupación por la falta de trabajo, o el hartazgo por los malos entendidos con la vecina, o incluso la angustia sorda por esa amiga que emigró. Constataremos que el niño, que dentro de la “fusión emocional” vive como propias todas nuestras sensaciones -incluso las que no reconocemos como tales- se calmará. Porque sabrá de qué se trata. Pero mucho más valioso aún resulta darnos cuenta qué importancia puede tener para cada una de nosotras reconocer ciertos sentimientos que hemos descartado por considerarlos antiguos, obsoletos o  poco valiosos.

De este modo, con la ayuda de nuestros hijos -que son espejos del alma materna- podremos reconocernos tal cual somos, y colocar en un lugar superlativo las cuentas que tenemos pendientes con nosotras mismas. Nuestros bebés lloran nuestras penas, vomitan nuestros hartazgos, se brotan de nuestras intoxicaciones emocionales y se enferman de nuestras incapacidades de mirarnos con honestidad.  Esto no significa que tenemos que tener nuestra vida resuelta, ni que seamos “culpables” de lo que les acontece a los niños.

Al contrario. Es una oportunidad que las mujeres adquirimos a través del acto de maternar, para conectarnos con nuestro riquísimo mundo emocional, comprendernos y respetarnos. La expresión que el niño asume de nuestros deseos y fantasías relegadas, nos obliga a hacernos preguntas existenciales, íntimas, genuinas y profundamente femeninas.

 En definitiva, no devenimos madres necesariamente cuando parimos al niño, sino en el transcurso de algún instante de desesperación, locura y soledad en medio de la noche con nuestro hijo en brazos. Cuando la lógica y la razón no nos sirven, cuando nos sentimos transportadas a un tiempo sin tiempo, cuando el cansancio es infinito y sólo nos resta entregarnos a ese niño que expresa nuestro yo profundo y no logramos acallar, entonces nuestra madre interior ha nacido.                

Rol del PADRE en la LACTANCIA

Viernes, Junio 13th, 2008

Articulo recopilado por: Adelina Alcántara

Fuente: La Liga de la Leche Internacional (www.llli.org) 

Este documento está dirigido a todos aquellos padres o futuros padres cuyos hijos serán amamantados. Y por supuesto también está dirigido a sus parejas.

Pretende dar una pincelada sobre el importante papel del padre en la lactancia materna, alejando los caducos estereotipos que lo sitúan fuera de todo lo relacionado con ella. Muestra el muy importante espacio que debe ocupar el padre junto a la madre y el lactante, en un papel principal y no secundario.

Rol del PADRE en la LACTANCIA (archivo pdf)